La baja de punibilidad de 16 a 14 años
En estas horas en que la Cámara de Diputados de la Nación le dió ya media sanción a la baja de imputabilidad a los menores de 16 a 14 años de edad, que ahora será tratada por los senadores en los próximos días, cobra actualidad lo declarado tiempo atrás por Omar Giuliani, educador y referente de la Asociación Civil Ruca Hueney del barrio Santa Matilde, La Fraternidad, así como secretario de Acción Social de la CTA Autónoma y titular de la Federación Nacional Territorial (FENAT). «Cuando hablan de castigar a niños, en realidad se refieren a los pibes y pibas de las familias trabajadoras, de los barrios empobrecidos, a quienes ya sufren las consecuencias de políticas excluyentes. Son las mismas víctimas del saqueo del FMI durante la dictadura en los ´70, del Consenso de Washington en los 90, y de las políticas neoliberales de Macri y Milei. Primero nos empobrecieron, ahora quieren encerrarnos. Es evidente que la conflictividad social aumenta en los barrios cuando no hay salidas. ¿Qué horizonte tienen los pibes que crecen en condiciones miserables? Comen mal, viven hacinados, sin acceso a derechos básicos, con una educación pública desfinanciada y sin contención. Y ante cualquier reacción, en lugar de soluciones, proponen balas y cárcel. Curiosamente, los mismos que promueven este proyecto son los que avalan las políticas que nos trajeron a esta realidad de pobreza y exclusión. Además, bajar la edad de punibilidad viola la Constitución Nacional y los tratados internacionales de protección a la niñez y derechos humanos, que Argentina ha firmado. Estos pactos establecen que las leyes deben ser progresivas (ampliar derechos), nunca regresivas (eliminarlos). La discusión central es cómo y cuándo interviene el Estado ante un conflicto. Si un pibe comete un delito, debe recibir un tratamiento acorde a su edad. El sistema penal no puede ser la respuesta; debe actuar el sistema de promoción y protección de derechos, para sacar a ese niño de esa situación y ofrecerle una alternativa. La pregunta es: ¿Qué herramientas usamos para ayudarlo, en lugar de castigarlo? La participación de menores de 16 años en delitos graves es ínfima, menos del 1%, y en provincias como Buenos Aires incluso va en descenso. Sin embargo, algunos medios sobredimensionan estos casos, agitando el fantasma de la «peligrosidad de las infancias» como forma de control social. El sistema penal se convierte así en un garrote disciplinador para los más vulnerables. En esta etapa del capitalismo periférico y financierizado, donde el empleo no crece y la producción para el mercado interno se aleja, parece que el mensaje es claro: «Como no habrá trabajo, preparamos las cárceles para cuando se rebelen». Quieren asociar pobreza con delito, pero el verdadero crimen en Argentina es que 7 de cada 10 pibes sean pobres».

Omar Giuliani

